CREENCIAS


Las creencias son todos los pensamientos implantados en tu mente y todos los paradigmas que has acumulado a través de tu experiencia vital.
Son esos conceptos que aceptas sin dudar y sin cuestionar su lógica. Los que recibes y acoges como propios, sin detenerte a analizar su contenido para ver si son verdades o mentiras que a fuerza de repetirlas se convierten en verdades.
Convenciones sociales, modelos de conducta, parámetros morales, enseñanzas religiosas, prejuicios y normas con los que riges tu vida y tu actuar. Pensamientos que no provienen de ti pero que has asumido como propios y acatas sin poner en duda su legitimidad.
Si comienzas a explorar dentro de ti, te darás cuenta de cuantas ideas absurdas controlan tu pensamiento y tu actuación. Cuando entras en contacto con la verdad que hay en ti es cuando empiezas a cuestionarlo todo. No se trata de una actitud rebelde ni crítica, sino más bien de un proceso de limpieza. Al poner tu mente en orden, comienzas a verlo todo desde una óptica diferente, poco a poco dejas de calificar tu mundo con base en esas creencias. Reconoces que vienen de afuera, que no resuenan contigo y que son sólo mentiras que aceptaste en un estado de conciencia diferente y que ya no necesitas para guiar tu vida.

A través de la experiencia de ti mismo, descubres que algunas de ellas son  descabelladas. Otras pueden ser aceptables tal como son y algunas más podrían ser depuradas hasta llegar a su esencia verdadera. Nuestras creencias  son tantas y cobijan tantos aspectos que la labor a emprender es dispendiosa: creencias que te dicen como debe actuar un hombre o una mujer, que te imponen una imagen errada de Dios, que te atan al pecado y a la culpa, que te indican cómo tratar a los demás. Creencias que anulan el valor, la bondad, la belleza y la sabiduría;  que separan y dividen lo que no puede ser dividido.
Es una mentira cualquier creencia que te ate al sufrimiento, limite tu libertad, robe tu autonomía o te haga sentir pequeño, desvalido y necesitado; que te hable de penas, sacrificios y castigos; que te pida renunciar a algo o te haga sentir temor; que te obligue a discriminar, juzgar, condenar o castigar a los demás o que fomente en ti la necesidad de luchar, competir,  sufrir y padecer.
Deposita tu fe en la verdad que surge de tu interior y que no tiene opuestos. Esa verdad que te ofrece amor, dicha y paz sin pedir nada a cambio;, que te recuerda el maravilloso ser que eres; que te habla de la existencia de un ser divino en ti que sólo anhela tu felicidad. Una verdad innegable porque surge de una fuente que solo te ofrece plenitud, que no te separa de Dios ni de tus hermanos y que reconoce y alienta tu derecho indiscutible a ser libre y feliz.


Comentarios

LAS MAS LEIDAS