DISCIPLINA

Una cosa es intentar disciplinar a los demás y otra muy distinta es hacerlo contigo mismo, y no me refiero a la disciplina necesaria para madrugar a trabajar o a la fuerza de voluntad que usas para hacer una dieta o emprender una rutina de ejercicios.

Me refiero a la necesidad de una disciplina constante aplicada a cambiar de mentalidad, la atención permanente que deberías prestar a cada uno de los pensamientos que tienes, a cada palabra que pronuncies y a cada acción que emprendas, tomando en cuenta sus consecuencias en el logro de tu principal objetivo: ser feliz y alcanzar un estado de paz inalterable.

La consecución de este objetivo depende de ti mismo, de tu capacidad para mantener un estado de auto observación, el primer paso es darte cuenta de cómo la mente manipula tu percepción y te hace ver lo que ella desea que veas y no lo que es, debes disciplinar tu mente parlanchina para impedirle que siga hostigándote con tantas insensateces.

Le permites que vague sin rumbo por el mundo de los deseos y los recuerdos, la dejas al mando de tus emociones y reacciones, escuchas su voz incesante que te atormenta reclamando que cumplas sus caprichos, que aceptes sus dudas y resentimientos.

Notaras que al hablar de tu mente lo hago refiriéndome a algo que parece que no eres realmente tu y así es, tu eres tu mente pero también eres su testigo, el observador consciente que puede cuestionar sus pensamientos y modificarlos, lo que sucede es que renuncias a tu poder y lo dejas en sus manos, le permites que maneje tu vida, escuchas todo el tiempo su cotorreo y te lo crees, no te detienes un momento a oírlo realmente para darte cuenta de cuan insensatas son sus ideas y cuan lejanas están de tu verdad.

He aquí un hábito realmente positivo que deberías disciplinarte para adoptar: la atención permanente al monologo que se desarrolla en tu mente, si tan solo te dieras cuenta de las consecuencias de tu descuido, hay ciertos pensamientos que se convierten en emociones y se apoderan de ti, se manifiestan en tu cuerpo sin que lo notes, porque tampoco habitas en él, entonces no las observas, ni te haces consciente de ellas, se van deslizando astutamente y cuando te das cuenta te sientes deprimido, angustiado, enojado o ansioso.

Todos esos pensamientos y emociones sin control logran hacer de tu vida un caos, comprométete a escuchar con atención el monologo de tu mente cada vez que te acuerdes, acostúmbrate a enfrentar las emociones con valor, ponle cuidado a cada una de las palabras que pronuncies, ejerce total disciplina sobre tus reacciones, no eres una ameba que reacciona a estímulos, eres un ser consciente, inteligente, con capacidad de discernir y darte cuenta de que el único perceptor en tu vida eres tu mismo y que ves el mundo a través de esa percepción, disciplínate para que ella te muestre en todo momento el mundo que quieres ver, para que procese lo que percibe correctamente, tu eres el jefe, la mente está a tu servicio y no al contrario, haz que tus pensamientos se pongan a favor de tu felicidad y no que la saboteen.

Diana Rodriguez Angulo

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